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Nota: Los artículos aquí publicados pueden ocasionalmente hacer referencia a sitios o artefactos de regiones disputadas, anexadas u ocupadas, que pueden estar sujetos a leyes y convenciones internacionales sobre la protección de bienes culturales.

HistoriaS destacadaS de esta semana

Confirman uso de meteoritos para crear anillos para la antigua élite griega

Selección de joyas de hierro de la Edad del Bronce Media (M) y la Edad del Bronce Final (L). El punto rojo indica un artefacto que contiene níquel. Crédito: Journal of Archaeological Science (2026). DOI: 10.1016/j.jas.2026.106622

Mucho antes de que la producción de hierro mediante fundición se extendiera por el Mediterráneo, algunos artesanos de la Edad del Bronce ya trabajaban con ese metal. Pero su materia prima tenía un origen extraordinario: había llegado literalmente desde el espacio.

Un nuevo estudio publicado en Journal of Archaeological Science analizó 91 objetos de hierro de la Edad del Bronce y comienzos de la Edad del Hierro procedentes de 33 sitios arqueológicos y conservados actualmente en 19 museos. El objetivo era determinar si las culturas minoica y micénica utilizaron hierro procedente de meteoritos.

Las nuevas tecnologías permitieron realizar los análisis sin dañar las piezas. Debido a que el hierro meteorítico suele contener elevadas concentraciones de níquel, los investigadores buscaron precisamente ese elemento.

Trece objetos presentaron concentraciones compatibles con un origen meteorítico. Diez fueron considerados muy probablemente fabricados con hierro de meteorito, mientras que otros tres necesitarán estudios adicionales.

Un detalle resultó especialmente significativo: todos los objetos meteoríticos identificados eran anillos.

Además, la mayoría procedía de tumbas ricamente equipadas y aparecía asociada con oro, plata o bronce. Algunos fueron encontrados en importantes contextos micénicos, como Micenas, Vapheio y Kakovatos. Otro apareció en Anemospilia, en Creta, colocado todavía en el dedo de un hombre interpretado por los excavadores como un sacerdote de alto rango.

Los investigadores consideran que estos anillos probablemente funcionaban como símbolos de prestigio y poder. El hierro, extremadamente raro en aquel momento, habría sido tratado como un material precioso.

El origen exacto de los meteoritos sigue siendo desconocido. Los investigadores plantean la posibilidad de que parte del material llegara desde Egipto, donde las condiciones desérticas favorecen la conservación de meteoritos, pero reconocen que no existe evidencia directa que demuestre esa procedencia.

La moda parece haber sido relativamente breve. Casi todos los anillos meteoríticos pertenecen a la Edad del Bronce Tardío y desaparecen aproximadamente durante el colapso del sistema palacial micénico. Al mismo tiempo comenzó a difundirse el hierro obtenido mediante fundición, especialmente durante los siglos XII y XI aec.

Un material excepcional que había caído del cielo perdió gradualmente su singularidad cuando los seres humanos aprendieron a producir hierro por otros medios.

Reflexión bíblica

La transición entre el Bronce Tardío y la Edad del Hierro constituye también parte del trasfondo tecnológico de los primeros libros históricos de la Biblia. 1 Samuel 13:19-22 presenta el trabajo del hierro como un recurso estratégico y señala que los israelitas dependían de los filisteos para determinados trabajos metalúrgicos. Los anillos griegos pertenecen a otros lugares y contextos, pero ayudan a comprender un período en el que el hierro pasó gradualmente de ser un material excepcional y prestigioso a convertirse en un recurso fundamental para herramientas y armas.

 

 

Reconstruyen la administración del agua en el delta del Nilo hace 2400 años

Un nuevo descubrimiento en Tel Nasser, cerca de Port Said, permite reconstruir cómo se administraba el agua en una comunidad del delta oriental del Nilo durante los períodos helenístico y romano.

El Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto anunció el hallazgo del primer complejo integrado de baños conocido en este sitio. Aunque Tel Nasser estuvo ocupado desde finales del siglo IV o comienzos del III aec, los arqueólogos consideran que el complejo fue construido probablemente hacia finales del siglo I aec.

Las instalaciones incluían espacios privados y públicos.

La sección privada tenía una piscina circular de unos 2,4 metros de diámetro, construida con ladrillos rojos y revestida con un mortero impermeable de tonalidad rosada. Junto a ella aparecieron dos pequeños baños ovalados para los pies, canales de drenaje y una estructura baja que posiblemente estuviera relacionada con el calentamiento del agua.

El área pública era considerablemente mayor. Incluía dos salas circulares, o tholoi, de aproximadamente cinco metros de diámetro. Una contenía cinco instalaciones destinadas al lavado de los pies. Tres se conservaron suficientemente bien como para mostrar respaldos, apoyabrazos y pisos diseñados para reducir el riesgo de resbalones.

Pero uno de los elementos más importantes del descubrimiento se encontraba debajo y alrededor de los baños: un elaborado sistema hidráulico.

Los arqueólogos identificaron un canal principal de abastecimiento de aproximadamente seis metros de longitud, construido con ladrillos rojos y elevado sobre el suelo. Parte estaba protegida por una estructura abovedada y conectada con un sistema de drenaje. Debajo apareció otro canal más antiguo, acompañado por muros residenciales correspondientes a fases anteriores del asentamiento.

La cerámica permite reconstruir varios siglos de ocupación. Las primeras fases incluyen objetos relacionados con tradiciones chipriotas y ánforas griegas. Posteriormente aparecen sellos de ánforas procedentes de Rodas y cerámica local e importada correspondiente al período ptolemaico.

El complejo continuó funcionando durante el período romano, hasta aproximadamente el siglo II. Posteriormente, algunas de sus instalaciones fueron modificadas y utilizadas para almacenamiento.

Tel Nasser muestra así que detrás de algo tan cotidiano como bañarse existía una infraestructura considerable: captación, transporte, distribución, calentamiento y evacuación del agua.

Reflexión bíblica

El hallazgo pertenece a una época próxima al mundo del Nuevo Testamento y ayuda a comprender la infraestructura de las ciudades del Mediterráneo oriental bajo dominio romano. Los Evangelios muestran que piscinas y lugares relacionados con el agua formaban parte habitual del paisaje urbano. Juan 5:2-9, por ejemplo, sitúa una curación de Jesús junto a la piscina de Betesda en Jerusalén, mientras Juan 9:7 menciona la piscina de Siloé. Tel Nasser no tiene relación directa con esos lugares, pero su complejo hidráulico permite apreciar mejor la importancia práctica y social que las instalaciones de agua podían tener en las ciudades de aquel período.

 

 

Hallan alberca de dimensiones sorprendentes en antigua ciudad de Turquía

La piscina monumental descubierta en el yacimiento de Tralleis, en el oeste de Turquía. Cortesía del Archivo de Excavaciones de Tralleis / Prof. Dr. Murat Çekilmez. Excavaciones realizadas con la autorización del Ministerio de Cultura y Turismo de la República de Turquía.

Hace aproximadamente 2.000 años, los habitantes de Tralleis, en el oeste de la actual Turquía, podían reunirse alrededor de una piscina cuyas dimensiones todavía resultan sorprendentes.

Los arqueólogos han descubierto una piscina monumental al aire libre integrada en un complejo de baños y gimnasio. Medía aproximadamente 37 metros de largo por 12 de ancho y alcanzaba alrededor de 1,5 metros de profundidad. Los investigadores calculan que podía recibir unas 300 personas.

El agua procedía de manantiales situados en las montañas al norte de la ciudad y llegaba mediante un sistema de abastecimiento que recorría unos 56 kilómetros. Un sistema de drenaje permitía además vaciar rápidamente la piscina para limpiarla.

Pero el director de las excavaciones, Murat Çekilmez, advierte que no debe imaginarse el lugar simplemente como una piscina moderna.

Formaba parte de un complejo de baño y gimnasio donde se combinaban ejercicio físico, higiene, descanso, conversación y vida social. Los visitantes recorrían diferentes espacios, algunos con distintas temperaturas, dentro de una arquitectura monumental cuidadosamente diseñada.

Estos complejos se encontraban entre los principales espacios de encuentro de las ciudades romanas. Allí las personas podían hacer ejercicio, bañarse, encontrarse con conocidos y conversar sobre asuntos privados y públicos. El edificio era, por lo tanto, tanto una instalación recreativa como un espacio de interacción comunitaria.

La piscina también demuestra la considerable inversión que Tralleis destinaba a infraestructura pública y manejo del agua. Sus baños y gimnasio combinaban dos tradiciones culturales: la importancia griega de la educación y el ejercicio físico y la cultura romana de los baños públicos.

Para los arqueólogos, precisamente ahí se encuentra uno de los aspectos más interesantes del descubrimiento.

Los grandes edificios antiguos pueden parecer estructuras estáticas. Una piscina, en cambio, permite imaginar inmediatamente personas moviéndose, conversaciones, sonidos y agua. El monumento comienza así a mostrar no solamente cómo estaba construida Tralleis, sino cómo podía experimentarse cotidianamente la ciudad.

Reflexión bíblica

Tralleis se encontraba en Asia Menor, la misma región geográfica donde durante el siglo I surgieron numerosas comunidades cristianas mencionadas en el Nuevo Testamento. Apocalipsis 1:11 enumera siete iglesias de Asia —entre ellas Éfeso, Esmirna, Pérgamo y Laodicea—, mientras que Hechos describe repetidamente la actividad de Pablo en ciudades de esa región. La piscina de Tralleis no tiene una conexión bíblica directa, pero ayuda a reconstruir el entorno urbano y social en el que se desarrollaron aquellas primeras comunidades: ciudades con grandes obras públicas y espacios colectivos donde ejercicio, descanso, conversación y vida cívica formaban parte de la experiencia cotidiana.

 

Revelan que hace 4000 años las hijas del faraón se entrenaban como guerreras


(A) Daga de la princesa Ita, cortesía del Museo Egipcio; (B) Flechas de la princesa Noub Hotep, cortesía de Eman Shawky.

Durante más de un siglo, los restos de varios integrantes de la realeza egipcia permanecieron prácticamente sin estudiar en los depósitos de un museo. Habían sido excavados a finales del siglo XIX en tumbas reales de Dahshur, pero la atención de los investigadores se había concentrado principalmente en los objetos encontrados junto a ellos.

Ahora, un nuevo estudio bioarqueológico de los restos del rey Hor y cinco mujeres de la familia real ofrece una imagen diferente de sus vidas. Cuatro de las mujeres eran hijas del faraón Amenemhat II y vivieron durante el Reino Medio tardío, aproximadamente entre 1850 y 1700 aec.

Las princesas Ita, Khenmet e Itaweret, junto con una cuarta mujer que posiblemente era la princesa Sathathormeryt, fueron enterradas con armas, entre ellas arcos, dagas y hachas. Durante mucho tiempo se consideró que estos objetos podían haber tenido simplemente una función ceremonial o que representaban el rango de las mujeres.

El estudio de sus esqueletos plantea ahora otra posibilidad.

Los investigadores identificaron modificaciones en las zonas donde los músculos y ligamentos se unían a los huesos, además de artritis en determinadas articulaciones y lesiones que habían sanado. En conjunto, esas señales son compatibles con actividades físicas repetitivas que exigían un uso intenso de la parte superior del cuerpo. No constituyen una demostración definitiva de que las mujeres utilizaran las armas encontradas en sus tumbas, pero sí son compatibles con actividades como el tiro con arco.

Cada esqueleto conserva una historia particular. Ita murió aproximadamente entre los 28 y 34 años y presentaba fuertes inserciones musculares en la parte superior del cuerpo. Khenmet, que posiblemente tenía entre 30 y 49 años, presentaba también inserciones de ligamentos muy desarrolladas. Itaweret tenía entre 20 y 34 años, había sobrevivido a fracturas en las costillas y el pie, y sus restos muestran características que los investigadores consideran compatibles con una práctica especializada del arco.

Zeinab Hashesh, autora principal del estudio, considera que las evidencias respaldan la posibilidad de que estas mujeres participaran activamente en actividades físicamente exigentes, entre ellas la arquería y la caza.

El estudio resulta importante también por razones metodológicas. Los objetos depositados en una tumba muestran cómo una persona fue representada después de su muerte. Los huesos, en cambio, pueden conservar las huellas de las actividades realizadas durante su vida. Al combinar ambos tipos de evidencia, los arqueólogos pueden reconstruir aspectos de la experiencia individual que los textos antiguos nunca registraron.

Reflexión bíblica

La Biblia conserva numerosas referencias al arco como arma de guerra y como símbolo de habilidad militar. 2 Samuel 1:18, por ejemplo, menciona explícitamente la enseñanza del “arco” a los habitantes de Judá. El hallazgo egipcio es mucho más antiguo y no tiene relación directa con ese episodio, pero aporta contexto a un mundo antiguo en el que dominar el arco requería entrenamiento prolongado y especializado. También recuerda que algunas de nuestras ideas sobre quién podía participar en esas actividades deben revisarse cuando aparecen nuevas evidencias arqueológicas.

 


 

Estudian la música que los egipcios utilizaban en sus funerales

Arpa arqueada (izquierda) y reconstrucción de un arpa angular (derecha)
The Metropolitan Museum of Art, Nueva York, Fondo Rogers, 1943; Museo Nacional de Antigüedades de los Países Bajos

Conocemos las palabras de numerosas canciones del antiguo Egipto. Han sobrevivido canciones de amor, composiciones para banquetes, himnos religiosos y lamentos funerarios. Lo que no se ha conservado es su música: hasta ahora no se ha identificado ninguna partitura que permita saber exactamente cómo sonaban aquellas composiciones.

Los instrumentos arqueológicos ofrecen otra vía para acercarse a ese mundo sonoro.

Solamente en tumbas del Reino Nuevo, aproximadamente entre 1550 y 1070 aec, se han encontrado más de cien instrumentos de cuerda. Pinturas y modelos de madera muestran además músicos tocando arpas, laúdes y liras. Una pintura reproducida en el documento, procedente de una tumba de la XVIII Dinastía en Tebas, muestra a varias mujeres tocando un arpa, un laúd y una flauta doble.

Uno de los descubrimientos más excepcionales procede de una tumba de Saqqara correspondiente a la XIX Dinastía, aproximadamente entre 1295 y 1186 aec.

Cuando los arqueólogos excavaron el lugar a comienzos del siglo XX encontraron castañuelas de madera con forma de manos y restos de cuatro arpas angulares de cedro de diferentes tamaños. La presencia de tantos instrumentos hizo que el lugar llegara a conocerse como la “Tumba de las Arpas”.

El conjunto resulta particularmente inusual porque durante la XIX Dinastía no era frecuente encontrar siquiera un instrumento completo depositado en una tumba. Toon Sykora, curador de la colección egipcia del Museo Nacional de Antigüedades de los Países Bajos, considera que semejante concentración permite plantear que el propietario de la tumba posiblemente fuera músico.

Las propias arpas muestran además una importante transformación tecnológica.

Antes del Reino Nuevo predominaban las arpas arqueadas, que podían tener hasta ocho cuerdas. El arpa angular introdujo una estructura diferente: una caja de resonancia vertical y hueca conectada con un brazo perpendicular donde se sujetaban las cuerdas.

La nueva configuración permitía incorporar muchas más cuerdas y, por lo tanto, ampliar considerablemente el registro musical disponible. El instrumento podía sostenerse mientras el músico estaba de pie o apoyarse en el suelo entre las piernas al tocar sentado.

Su éxito fue duradero. Siglos después del Reino Nuevo, las representaciones egipcias continuaron mostrando con frecuencia arpas angulares. Para los investigadores, esa larga permanencia ayuda a explicar la evolución que finalmente conduciría a formas posteriores del arpa.

Reflexión bíblica

La música ocupa también un lugar destacado en los textos bíblicos. Génesis 4:21 presenta a Jubal como antepasado de quienes tocaban instrumentos de cuerda y viento, mientras que los Salmos mencionan repetidamente arpas y otros instrumentos en contextos religiosos. Salmo 150:3-5, por ejemplo, reúne instrumentos de cuerda, viento y percusión en una misma escena de alabanza. Las arpas de Saqqara no tienen relación directa con Israel, pero permiten recuperar parte del contexto musical del antiguo Cercano Oriente y recordar que las referencias bíblicas a instrumentos pertenecían a culturas en las que la música podía acompañar la vida cotidiana, el culto y también la muerte.

 


 

Hallan momias egipcias con sarcófagos con rostros humanos hechos de cerámica

Tapa de ataúd de cerámica con un rostro humano en relieve, descubierta en el yacimiento de Sheikh Soby, en Bahariya (Egipto). Crédito: Ministerio de Cultura de Egipto.

Tres tumbas recientemente excavadas en el oasis de Bahariya, en el desierto occidental de Egipto, permiten observar cómo las prácticas funerarias fueron cambiando a lo largo de varios siglos.

El descubrimiento se produjo en Sheikh Soby, una necrópolis asociada con gobernantes y sacerdotes del oasis. Los arqueólogos encontraron momias, sarcófagos de piedra caliza y cerámica, recipientes, mesas de ofrendas y pequeñas figuras de terracota. Las sepulturas pertenecen a diferentes períodos, desde la Época Tardía de Egipto hasta la época romana.

La primera tumba era un enterramiento colectivo excavado directamente en la roca arenisca y aparentemente destinado a una familia de cinco personas. Un pozo cuadrado de unos tres metros de profundidad conducía a dos cámaras funerarias.

En la cámara occidental apareció un sarcófago de piedra caliza que contenía una momia envuelta en lino. El sarcófago había sido colocado dentro de una cavidad excavada en el suelo, una práctica conocida en otras tumbas de la Época Tardía de la región.

La segunda tumba, sin decoración, probablemente pertenece ya al período romano. La tercera también habría sido utilizada durante esa época y presenta una disposición diferente: un pozo rectangular conduce a una pequeña sala abierta desde la que se accedía a las cámaras funerarias. Los investigadores creen que ese espacio pudo utilizarse para recibir temporalmente la momia durante el funeral antes de trasladarla a su lugar definitivo.

Uno de los objetos más llamativos apareció en una sepultura lateral.

Allí se encontraron los fragmentos de un sarcófago cilíndrico de cerámica cuya tapa presenta un rostro humano modelado en relieve, con ojos, nariz y boca claramente definidos. La fotografía incluida en el documento permite apreciar el carácter marcadamente antropomorfo de la pieza.

También aparecieron recipientes, pequeños frascos, platos y mesas de ofrendas de piedra caliza y arenisca. Entre los objetos de menor tamaño había figurillas votivas de terracota: algunas representan figuras maternales y otras animales estilizados.

Sheikh Soby formaba parte de un paisaje religioso mucho más amplio. La zona incluye también el Templo de Bawiti, construido durante la XXVI Dinastía en honor del faraón Amasis II.

Las excavaciones continuarán. Los arqueólogos esperan encontrar nuevas tumbas que permitan reconstruir cómo sucesivas generaciones de habitantes del oasis entendieron la muerte, organizaron sus funerales y mantuvieron la memoria de sus difuntos.

Reflexión bíblica

Estas tumbas ayudan a comprender el mundo funerario egipcio que constituye el trasfondo cultural de algunas referencias bíblicas a Egipto. Génesis 50:2-3, por ejemplo, describe el embalsamamiento de Jacob en Egipto y señala que el procedimiento requirió cuarenta días, seguido de un prolongado período de duelo. Los nuevos hallazgos de Bahariya pertenecen a épocas muy posteriores al escenario narrativo de Génesis, pero muestran la extraordinaria continuidad y, al mismo tiempo, la evolución de las prácticas egipcias destinadas a preparar y preservar a los muertos.

 

Unos címbalos de 4000 años revelan antiguas conexiones musicales entre Mesopotamia, Arabia y el valle del Indo

Címbalos de cobre - Fuente: © Hélène David-Cuny

Mucho antes de que existieran las grandes tradiciones musicales que conocemos por los textos bíblicos, el sonido de instrumentos de percusión ya acompañaba ceremonias y procesiones en el antiguo Cercano Oriente.

Una excavación en Dahwa, en el norte de Omán, ha descubierto un par de címbalos de aleación de cobre de unos 4.000 años de antigüedad. Los instrumentos aparecieron cuidadosamente colocados uno sobre otro debajo del piso de piedra de un pequeño edificio, una disposición que lleva a los arqueólogos a considerar que pudieron haber sido depositados como una ofrenda.

Los címbalos, de unos 14 centímetros de diámetro, fueron fechados aproximadamente entre 2200 y 2000 aec. Dahwa estaba habitada entonces por poblaciones de la cultura Umm an-Nar, pero también recibió artesanos y comerciantes procedentes del valle del Indo durante una época de intenso intercambio comercial.

Un análisis de isótopos de plomo permitió determinar que el cobre probablemente procedía de una zona situada unos 160 kilómetros al suroeste del asentamiento.

Pero otro detalle resulta especialmente interesante: los instrumentos se parecen notablemente a címbalos encontrados en Mohenjo-Daro, en el valle del Indo, y a otros descubiertos en el sur de Mesopotamia. Los investigadores consideran que estas semejanzas podrían indicar que las comunidades situadas alrededor del golfo Pérsico compartían no solamente mercancías y materias primas, sino también tradiciones musicales.

La música ceremonial tiene una historia aún más antigua en Mesopotamia. Representaciones procedentes de la ciudad sumeria de Ur muestran músicos tocando címbalos, mientras textos cuneiformes de Girsu describen el uso de instrumentos durante la dedicación de un templo construido por el rey Gudea, que gobernó aproximadamente entre 2150 y 2125 aec. También se han encontrado címbalos antiguos en templos y tumbas del Levante, el golfo Pérsico y el valle del Indo.

Reflexión bíblica

Los címbalos aparecen repetidamente en la Biblia como instrumentos asociados con la celebración y el culto. Salmo 150:5 invita a alabar a Dios “con címbalos resonantes” y “címbalos de júbilo”. El descubrimiento de Dahwa es mucho más antiguo que ese texto y no tiene una relación directa con Israel, pero permite situar esa referencia bíblica dentro de una tradición musical y ceremonial ampliamente difundida por el antiguo Cercano Oriente.


Maderas quemadas conservan la memoria de la destrucción de Jerusalén hace 2.600 años

Excavaciones en la Ciudad de David - Fuente: Autoridad de Antigüedades de Israel

Debajo de un estacionamiento de la Ciudad de David, en Jerusalén, los arqueólogos encontraron restos de madera carbonizada que podrían conservar la huella de uno de los episodios más traumáticos de la historia de la ciudad: la conquista babilónica de 586 aec.

Las vigas aparecieron dentro de los restos de un edificio destruido por un intenso incendio durante excavaciones realizadas por la Autoridad de Antigüedades de Israel y la Universidad de Tel Aviv. Según la arqueóloga Efrat Bocher, codirectora de la excavación, posiblemente formaban parte del techo de un patio interior de una construcción correspondiente al período del Primer Templo.

El incendio provocó el derrumbe de la estructura. Parte del revestimiento de las paredes cayó sobre las maderas quemadas y contribuyó accidentalmente a preservarlas durante unos 2.600 años. Las fotografías incluidas en el documento muestran tanto los fragmentos carbonizados como el área de excavación donde fueron recuperados.

Las vigas presentan además una característica poco frecuente: conservan numerosos anillos de crecimiento.

Según Johanna Regev, especialista en datación por radiocarbono de la Autoridad de Antigüedades de Israel, disponer de tantos anillos puede aumentar considerablemente la precisión cronológica. En determinados casos, una datación que anteriormente abarcaba cientos de años podría reducirse a un intervalo de apenas una década.

Los arqueólogos plantean además una posibilidad particularmente sugerente. Cuando Jerusalén volvió a ser ocupada y reconstruida, algunos restos de la destrucción podrían haber sido deliberadamente conservados y las nuevas construcciones levantadas sobre ellos. De ser correcta esta interpretación, las ruinas habrían funcionado como una forma material de memoria colectiva.

Reflexión bíblica

Aquí la conexión con el texto bíblico es directa. 2 Reyes 25:8-10 relata que las fuerzas de Nabucodonosor incendiaron el Templo, el palacio real y las casas de Jerusalén en 586 aec. Jeremías 52:12-14 conserva una descripción semejante. Las vigas no demuestran por sí mismas que procedan del Templo, pero constituyen evidencia arqueológica de un gran episodio de destrucción en Jerusalén correspondiente al período de la conquista babilónica descrita por esos textos.


Esculturas de Asclepio y Telesforo revelan cómo se entendía la sanación en el mundo romano

Escultura de Asclepio (Esculapio) y Telesforo. Fuente: Ministerio de Turismo y Cultura de Turquía

Una escultura de mármol de unos 1.800 años de antigüedad descubierta en la antigua ciudad de Aspendos, en el sur de Turquía, ofrece una nueva ventana hacia las creencias sobre la enfermedad, la medicina y la recuperación en el mundo romano.

La obra, de unos 2,2 metros de altura y fechada en el último cuarto del siglo II, representa a Asclepio, dios grecorromano de la medicina, acompañado por Telesforo, una divinidad relacionada particularmente con la recuperación y la convalecencia. Fue encontrada entre los restos derrumbados de una puerta monumental que conducía a una de las principales plazas públicas de Aspendos.

Asclepio aparece como un hombre maduro y barbado, parcialmente cubierto por un manto. Aunque parte de su brazo derecho se ha perdido, originalmente se apoyaba sobre un bastón alrededor del cual se enrollaba una serpiente, símbolo asociado desde la antigüedad con Asclepio y la medicina.

A sus pies aparece Telesforo, representado a una escala mucho menor y cubierto por un largo manto con capucha. La combinación de ambas figuras resulta significativa porque representa diferentes momentos de una misma experiencia: la atención de la enfermedad y la posterior recuperación.

El lugar donde apareció la escultura también ofrece información importante. Al encontrarse junto a una entrada monumental que conducía a uno de los principales espacios públicos de la ciudad, los arqueólogos consideran que probablemente ocupó una posición ceremonial destacada.

El descubrimiento confirma además la presencia del culto a Asclepio en Aspendos y muestra la importancia que las prácticas religiosas relacionadas con la salud y la curación tenían en la vida pública de las ciudades romanas de Asia Menor.

Reflexión bíblica

El descubrimiento ayuda a reconstruir el ambiente religioso del mundo mediterráneo en el que se difundió el cristianismo. El Nuevo Testamento muestra que la enfermedad y la curación ocupaban un lugar importante en la experiencia cotidiana, pero también que los primeros cristianos vivían entre sociedades con múltiples dioses y cultos. Hechos 14:8-18, por ejemplo, relata que en Listra una curación llevó a la población a interpretar a Pablo y Bernabé según sus propias categorías religiosas grecorromanas y a identificarlos con dioses. La escultura de Aspendos permite visualizar ese contexto cultural en el que medicina, sanación y religión podían estar estrechamente relacionadas.

 

Un raro molde hallado en Jerusalén reabre el debate sobre las figurillas del reino de Judá

Moldes para rostros de figurillas hallados en Kishle, Israel - Fuente: Autoridad de Antigüedades de Israel

Más de mil figurillas de barro conocidas como Figurillas de Pilar Judeas han sido descubiertas en antiguos asentamientos del reino de Judá. Sin embargo, durante décadas los arqueólogos se han enfrentado a un misterio: casi nunca aparecen los moldes con los que fueron fabricadas.

Ahora, un hallazgo realizado en Jerusalén podría aportar nuevas pistas.

La Autoridad de Antigüedades de Israel anunció el descubrimiento del primer molde de este tipo encontrado en la ciudad. La pieza apareció durante el cribado de sedimentos procedentes de excavaciones en el área del Kishle, junto a la Torre de David, donde actualmente se desarrolla un importante proyecto arqueológico. Tras su restauración, los especialistas incluso lograron elaborar una reproducción moderna que permite apreciar el rostro que ese molde producía hace unos 2.500 años.

Jerusalén ya era el lugar donde se había encontrado la mayor cantidad de estas figurillas: más de 500 ejemplares. El nuevo descubrimiento fortalece la hipótesis de que muchas de ellas fueron fabricadas localmente utilizando arcilla procedente de los alrededores de la ciudad, en lugar de haber sido importadas desde otros centros de producción.

El hallazgo también permite comprender mejor el proceso de fabricación.

Lejos de tratarse de una producción en serie, el molde únicamente servía para formar la parte frontal del rostro. Después, los artesanos añadían manualmente el resto de la cabeza, el cuello y el cuerpo antes de cocer, pintar y decorar cada figura. El proceso exigía habilidad y varias etapas de trabajo, lo que demuestra un nivel artesanal mucho mayor del que se suponía.

Sin embargo, el mayor interrogante sigue sin resolverse.

Los investigadores continúan debatiendo qué representaban realmente estas figurillas. Algunas propuestas las relacionan con la fertilidad, otras con la protección del hogar, otras con la diosa Asera e incluso hay quienes sugieren que algunas pudieron funcionar como juguetes infantiles. Hasta el momento no existe un consenso definitivo sobre su significado o su función.

Reflexión bíblica

Las Figurillas de Pilar Judeas pertenecen al mismo período histórico descrito en libros como 2 Reyes, donde se mencionan repetidamente prácticas religiosas que convivían con el culto a Yahvé y que posteriormente fueron condenadas por los autores bíblicos (por ejemplo, 2 Reyes 21:3-7). La arqueología muestra que la vida religiosa en Judá era más compleja de lo que a veces sugieren los relatos históricos, y ayuda a comprender mejor el contexto cultural en el que fueron escritos muchos textos del Antiguo Testamento.


Descubren en Egipto un complejo de baños que revela presencia griega anterior a los Ptolomeos

Las excavaciones en Tell Nasser, en la región egipcia de Port Said, han sacado a la luz uno de los complejos de baños más completos encontrados hasta ahora en el delta oriental del Nilo.

Pero el edificio no fue la única sorpresa.

Al estudiar las capas más profundas del yacimiento, los arqueólogos descubrieron que el lugar había estado ocupado varios siglos antes de la construcción de los baños. Entre los hallazgos aparecieron ánforas griegas y cerámica de estilo chipriota fechadas entre finales del siglo IV y comienzos del siglo III aec, lo que demuestra la existencia de una comunidad con fuertes contactos mediterráneos antes del período ptolemaico.

El complejo de baños corresponde principalmente a las épocas ptolemaica y romana.

Los investigadores identificaron un baño privado, baños públicos, canales de abastecimiento de agua, un elaborado sistema de drenaje y varias instalaciones destinadas al calentamiento del agua. Uno de los espacios públicos conserva cinco estaciones individuales para el lavado de los pies, equipadas con respaldos, apoyabrazos y pequeños recipientes circulares.

La ingeniería hidráulica del conjunto resulta especialmente llamativa.

El agua circulaba por un canal elevado construido con ladrillos cocidos y parcialmente cubierto por una bóveda, mientras una red de desagües distribuía y evacuaba el agua a través de todo el edificio. Además, las excavaciones revelaron muros pertenecientes a construcciones anteriores, lo que demuestra que el asentamiento experimentó varias fases de ocupación antes de la construcción del balneario.

Entre los objetos recuperados destacan ánforas procedentes de Rodas con inscripciones griegas, recipientes locales, lámparas y vajillas, elementos que permiten reconstruir la evolución del sitio desde épocas anteriores al dominio ptolemaico hasta el período romano.

Reflexión bíblica

Durante los siglos posteriores al regreso del exilio, el mundo del Mediterráneo oriental experimentó una profunda influencia de la cultura griega. Ese proceso, conocido como helenización, constituye el trasfondo histórico de los siglos que precedieron al Nuevo Testamento. Descubrimientos como Tell Nasser ayudan a comprender cómo las poblaciones de Egipto participaron de esas redes comerciales y culturales que más tarde formarían parte del escenario histórico en el que surgiría el cristianismo.


Identifican en España la biblioteca romana más antigua conocida de la península ibérica

Biblioteca romana en Fuerte Alamo, Córdoba, España - Fuente: Rafael Jiménez / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0

Durante años, una sala descubierta en una villa romana del sur de España fue considerada un santuario dedicado al dios Mitra.

Hoy, los arqueólogos creen que se trataba de algo muy diferente.

Un nuevo estudio concluye que el edificio albergó una biblioteca privada, considerada hasta ahora la más antigua conocida en la península ibérica y la biblioteca romana situada más al occidente del Imperio. El hallazgo se produjo en la villa romana de Fuente Álamo, en la provincia de Córdoba.

Aunque los libros de papiro y las estanterías de madera desaparecieron hace siglos, la arquitectura conservó suficientes indicios.

La sala posee un ábside, nichos rectangulares donde probablemente se colocaban estanterías, nichos semicirculares, un podio elevado y habitaciones anexas destinadas posiblemente al almacenamiento de manuscritos o al trabajo intelectual. En conjunto, estos elementos coinciden con el diseño de otras bibliotecas romanas conocidas.

Los investigadores también establecieron una posible relación con un famoso sarcófago romano descubierto en las cercanías durante el siglo XIX.

Ese sarcófago representa escenas de lectura y enseñanza, incluyendo una figura que sostiene simultáneamente un rollo y un códice. Aunque la relación todavía no puede demostrarse, los especialistas consideran posible que represente al propietario de la villa y de su biblioteca, reflejando el prestigio que la educación y la literatura tenían entre algunos miembros de la élite romana.

La reinterpretación fue posible gracias a un método denominado gramática de formas, que analiza la disposición arquitectónica de los espacios para determinar su función original. En este caso, el estudio permitió descartar la antigua identificación como templo de Mitra y reconocer el edificio como una biblioteca.

Reflexión bíblica

Durante el siglo I, las bibliotecas y los centros de enseñanza desempeñaban un papel fundamental en el mundo romano. El apóstol Pablo desarrolló buena parte de su ministerio dentro de ese ambiente cultural, caracterizado por el intercambio de ideas, la lectura pública y la circulación de manuscritos. Descubrimientos como el de Fuente Álamo ayudan a comprender el valor que la educación y los textos escritos tenían en la sociedad donde posteriormente se difundieron los escritos del Nuevo Testamento.

 

Una nueva teoría propone que las pirámides de Egipto aprovecharon un gigantesco sistema hidráulico

La Pirámide Roja - Fuente: Heritage Daily/Shutterstock

Durante décadas, dos enormes estructuras de piedra situadas cerca de la Pirámide Roja fueron consideradas antiguas rampas utilizadas para transportar materiales de construcción.

Ahora, una nueva investigación propone una explicación completamente diferente.

Según un estudio publicado en npj Heritage Science, esas monumentales construcciones podrían haber formado parte de un sofisticado sistema de control del agua construido hace más de 4.500 años durante el reinado del faraón Snefru, padre de Keops.

Los investigadores recurrieron a imágenes satelitales, modelos hidrológicos y análisis del relieve para estudiar nuevamente el paisaje de Dahshur. Lo que encontraron fue sorprendente.

Cada una de las estructuras atraviesa el valle durante unos 600 a 700 metros y está firmemente anclada en las laderas circundantes, una configuración mucho más compatible con grandes represas que con simples rampas de transporte.

La propuesta es que una de ellas actuaba como presa principal, reteniendo las aguas de las inundaciones estacionales, mientras que la segunda funcionaba como presa de regulación. Ambas habrían trabajado junto con un canal de desviación situado al oeste de la Pirámide Roja para distribuir el agua hacia distintas zonas del complejo.

Si esta interpretación resulta correcta, cambiaría significativamente la forma en que entendemos la ingeniería egipcia del Reino Antiguo.

Hasta ahora, la atención se había concentrado casi exclusivamente en la construcción de las pirámides. Sin embargo, este estudio plantea que el manejo del agua pudo haber sido igualmente importante para organizar el trabajo, controlar las inundaciones y abastecer un enorme proyecto arquitectónico.

Los propios autores, sin embargo, mantienen la prudencia.

Reconocen que la hipótesis se basa principalmente en estudios del paisaje y detección remota. Será necesario realizar excavaciones arqueológicas adicionales para confirmar tanto la fecha como la verdadera función de estas estructuras.

Por ahora, las gigantescas "rampas" podrían estar convirtiéndose en las represas más antiguas conocidas asociadas con un complejo piramidal.

Reflexión bíblica

El dominio del agua fue uno de los pilares de la civilización egipcia. La Biblia presenta repetidamente a Egipto como una sociedad profundamente dependiente del Nilo, desde la historia de José administrando el alimento durante los años de abundancia y escasez (Génesis 41) hasta el relato del Éxodo. Este estudio recuerda que detrás del esplendor de las pirámides existía también una compleja infraestructura hidráulica que hizo posible el desarrollo de una de las grandes civilizaciones del mundo bíblico.


Vigas carbonizadas halladas en Jerusalén conservan el instante de la destrucción del Primer Templo

Excavaciones en la Ciudad de David - Fuente: Reut Vilf, City of David

Durante más de 2.600 años permanecieron ocultas bajo los escombros.

Cuando los arqueólogos comenzaron a retirar cuidadosamente las capas de destrucción en la Ciudad de David, aparecieron unas enormes vigas de madera completamente carbonizadas. No eran simples restos de un edificio antiguo. Eran testigos directos de uno de los episodios más dramáticos de la historia de Jerusalén.

Los investigadores creen que las vigas sostenían el techo de una residencia del período del Primer Templo. Cuando el ejército babilónico incendió la ciudad en el año 586 aec, el techo se desplomó sobre el patio interior. El intenso calor hizo que el yeso de las paredes se derritiera y cubriera la madera quemada, sellándola bajo los escombros durante más de dos milenios.

Ese mismo incendio que destruyó la vivienda terminó preservando las vigas.

La madera rara vez sobrevive en el clima de Israel, por lo que este hallazgo resulta excepcional. Además, las piezas conservan numerosos anillos de crecimiento, lo que permitirá aplicar técnicas de dendrocronología para obtener fechas mucho más precisas que las disponibles hasta ahora.

Los arqueólogos esperan reducir el margen cronológico desde varios siglos hasta apenas unos diez años.

Las vigas permanecen exactamente donde cayeron durante el incendio.

Esa circunstancia ofrece una fotografía arqueológica del momento mismo de la destrucción de Jerusalén. Los especialistas creen además que, cuando la ciudad fue reconstruida décadas más tarde, algunos sectores de las ruinas quedaron enterrados bajo nuevas edificaciones, contribuyendo involuntariamente a preservar estos restos.

Ahora comenzará una nueva etapa de investigación.

Los científicos analizarán las especies de árboles utilizadas, las técnicas de construcción y la cronología exacta de los edificios destruidos durante la conquista babilónica.

Reflexión bíblica

La destrucción de Jerusalén y del Primer Templo constituye uno de los acontecimientos centrales del Antiguo Testamento. Libros como 2 Reyes 25, 2 Crónicas 36 y el libro de Lamentaciones describen el incendio de la ciudad por el ejército de Nabucodonosor. Estas vigas carbonizadas no solo ilustran aquel episodio, sino que representan uno de los pocos restos materiales que permanecen exactamente donde cayeron durante la destrucción narrada por los textos bíblicos.


Una necrópolis egipcia revela la convivencia de antiguas tradiciones y nuevas influencias religiosas

Las excavaciones en Quesna, una de las necrópolis más importantes del delta del Nilo, continúan mostrando cómo las antiguas creencias egipcias sobrevivieron durante siglos, incluso cuando el país formaba parte del Imperio romano y posteriormente del mundo bizantino.

La misión arqueológica descubrió un complejo funerario hasta ahora desconocido formado por una sala central y varias cámaras de enterramiento comunicadas entre sí. En su interior aparecieron numerosos entierros acompañados por una extraordinaria variedad de objetos funerarios.

Entre los hallazgos destacan alrededor de 560 ushebtis de fayenza, pequeñas figuras destinadas a servir al difunto en la otra vida. Muchas conservan inscripciones tomadas del Libro de los Muertos, demostrando que antiguas tradiciones funerarias egipcias seguían utilizándose mucho tiempo después del final de la época faraónica.

También aparecieron amuletos protectores tallados en piedras semipreciosas.

Algunos representan el Ojo de Horus, otros el Nudo de Isis o el llamado Amuleto del Dedo. Todos eran colocados junto al difunto con la esperanza de garantizar protección durante el viaje al más allá.

Las excavaciones recuperaron además recipientes de cerámica, cuentas de fayenza azul y verde y fragmentos de ánforas importadas desde la isla griega de Rodas. Uno de los mangos conserva incluso el nombre de su fabricante, prueba directa de las relaciones comerciales entre Egipto y el Mediterráneo oriental durante la época romana y bizantina.

Algunas prácticas funerarias siguen desconcertando a los investigadores.

En ciertos entierros aparecieron vasijas colocadas bajo el brazo o entre las piernas del difunto. Los científicos esperan que futuros análisis químicos permitan identificar qué sustancias contenían y cuál era su función dentro del ritual funerario.

Quesna demuestra que las antiguas creencias egipcias no desaparecieron de un día para otro. Durante siglos convivieron con nuevas influencias culturales y religiosas, formando un complejo mosaico de tradiciones.

Reflexión bíblica

Durante los períodos romano y bizantino, Egipto fue uno de los principales centros del cristianismo antiguo. Sin embargo, la arqueología muestra que muchas costumbres funerarias heredadas del Egipto faraónico continuaron practicándose durante largo tiempo. Esta convivencia de tradiciones ayuda a comprender el complejo ambiente religioso del Mediterráneo oriental en los primeros siglos del cristianismo, un contexto muy diferente del que presentan las enseñanzas bíblicas sobre la muerte y la esperanza de la resurrección.

Durante décadas, dos enormes estructuras de piedra situadas cerca de la Pirámide Roja fueron consideradas antiguas rampas utilizadas para transportar materiales de construcción.

Ahora, una nueva investigación propone una explicación completamente diferente.

Según un estudio publicado en npj Heritage Science, esas monumentales construcciones podrían haber formado parte de un sofisticado sistema de control del agua construido hace más de 4.500 años durante el reinado del faraón Snefru, padre de Keops.

Los investigadores recurrieron a imágenes satelitales, modelos hidrológicos y análisis del relieve para estudiar nuevamente el paisaje de Dahshur. Lo que encontraron fue sorprendente.

Cada una de las estructuras atraviesa el valle durante unos 600 a 700 metros y está firmemente anclada en las laderas circundantes, una configuración mucho más compatible con grandes represas que con simples rampas de transporte.

La propuesta es que una de ellas actuaba como presa principal, reteniendo las aguas de las inundaciones estacionales, mientras que la segunda funcionaba como presa de regulación. Ambas habrían trabajado junto con un canal de desviación situado al oeste de la Pirámide Roja para distribuir el agua hacia distintas zonas del complejo.

Si esta interpretación resulta correcta, cambiaría significativamente la forma en que entendemos la ingeniería egipcia del Reino Antiguo.

Hasta ahora, la atención se había concentrado casi exclusivamente en la construcción de las pirámides. Sin embargo, este estudio plantea que el manejo del agua pudo haber sido igualmente importante para organizar el trabajo, controlar las inundaciones y abastecer un enorme proyecto arquitectónico.

Los propios autores, sin embargo, mantienen la prudencia.

Reconocen que la hipótesis se basa principalmente en estudios del paisaje y detección remota. Será necesario realizar excavaciones arqueológicas adicionales para confirmar tanto la fecha como la verdadera función de estas estructuras.

Por ahora, las gigantescas "rampas" podrían estar convirtiéndose en las represas más antiguas conocidas asociadas con un complejo piramidal.

Reflexión bíblica

El dominio del agua fue uno de los pilares de la civilización egipcia. La Biblia presenta repetidamente a Egipto como una sociedad profundamente dependiente del Nilo, desde la historia de José administrando el alimento durante los años de abundancia y escasez (Génesis 41) hasta el relato del Éxodo. Este estudio recuerda que detrás del esplendor de las pirámides existía también una compleja infraestructura hidráulica que hizo posible el desarrollo de una de las grandes civilizaciones del mundo bíblico.


Vigas carbonizadas halladas en Jerusalén conservan el instante de la destrucción del Primer Templo

Durante más de 2.600 años permanecieron ocultas bajo los escombros.

Cuando los arqueólogos comenzaron a retirar cuidadosamente las capas de destrucción en la Ciudad de David, aparecieron unas enormes vigas de madera completamente carbonizadas. No eran simples restos de un edificio antiguo. Eran testigos directos de uno de los episodios más dramáticos de la historia de Jerusalén.

Los investigadores creen que las vigas sostenían el techo de una residencia del período del Primer Templo. Cuando el ejército babilónico incendió la ciudad en el año 586 aec, el techo se desplomó sobre el patio interior. El intenso calor hizo que el yeso de las paredes se derritiera y cubriera la madera quemada, sellándola bajo los escombros durante más de dos milenios.

Ese mismo incendio que destruyó la vivienda terminó preservando las vigas.

La madera rara vez sobrevive en el clima de Israel, por lo que este hallazgo resulta excepcional. Además, las piezas conservan numerosos anillos de crecimiento, lo que permitirá aplicar técnicas de dendrocronología para obtener fechas mucho más precisas que las disponibles hasta ahora.

Los arqueólogos esperan reducir el margen cronológico desde varios siglos hasta apenas unos diez años.

Las vigas permanecen exactamente donde cayeron durante el incendio.

Esa circunstancia ofrece una fotografía arqueológica del momento mismo de la destrucción de Jerusalén. Los especialistas creen además que, cuando la ciudad fue reconstruida décadas más tarde, algunos sectores de las ruinas quedaron enterrados bajo nuevas edificaciones, contribuyendo involuntariamente a preservar estos restos.

Ahora comenzará una nueva etapa de investigación.

Los científicos analizarán las especies de árboles utilizadas, las técnicas de construcción y la cronología exacta de los edificios destruidos durante la conquista babilónica.

Reflexión bíblica

La destrucción de Jerusalén y del Primer Templo constituye uno de los acontecimientos centrales del Antiguo Testamento. Libros como 2 Reyes 25, 2 Crónicas 36 y el libro de Lamentaciones describen el incendio de la ciudad por el ejército de Nabucodonosor. Estas vigas carbonizadas no solo ilustran aquel episodio, sino que representan uno de los pocos restos materiales que permanecen exactamente donde cayeron durante la destrucción narrada por los textos bíblicos.


Una necrópolis egipcia revela la convivencia de antiguas tradiciones y nuevas influencias religiosas

Las excavaciones en Quesna, una de las necrópolis más importantes del delta del Nilo, continúan mostrando cómo las antiguas creencias egipcias sobrevivieron durante siglos, incluso cuando el país formaba parte del Imperio romano y posteriormente del mundo bizantino.

La misión arqueológica descubrió un complejo funerario hasta ahora desconocido formado por una sala central y varias cámaras de enterramiento comunicadas entre sí. En su interior aparecieron numerosos entierros acompañados por una extraordinaria variedad de objetos funerarios.

Entre los hallazgos destacan alrededor de 560 ushebtis de fayenza, pequeñas figuras destinadas a servir al difunto en la otra vida. Muchas conservan inscripciones tomadas del Libro de los Muertos, demostrando que antiguas tradiciones funerarias egipcias seguían utilizándose mucho tiempo después del final de la época faraónica.

También aparecieron amuletos protectores tallados en piedras semipreciosas.

Algunos representan el Ojo de Horus, otros el Nudo de Isis o el llamado Amuleto del Dedo. Todos eran colocados junto al difunto con la esperanza de garantizar protección durante el viaje al más allá.

Las excavaciones recuperaron además recipientes de cerámica, cuentas de fayenza azul y verde y fragmentos de ánforas importadas desde la isla griega de Rodas. Uno de los mangos conserva incluso el nombre de su fabricante, prueba directa de las relaciones comerciales entre Egipto y el Mediterráneo oriental durante la época romana y bizantina.

Algunas prácticas funerarias siguen desconcertando a los investigadores.

En ciertos entierros aparecieron vasijas colocadas bajo el brazo o entre las piernas del difunto. Los científicos esperan que futuros análisis químicos permitan identificar qué sustancias contenían y cuál era su función dentro del ritual funerario.

Quesna demuestra que las antiguas creencias egipcias no desaparecieron de un día para otro. Durante siglos convivieron con nuevas influencias culturales y religiosas, formando un complejo mosaico de tradiciones.

Reflexión bíblica

Durante los períodos romano y bizantino, Egipto fue uno de los principales centros del cristianismo antiguo. Sin embargo, la arqueología muestra que muchas costumbres funerarias heredadas del Egipto faraónico continuaron practicándose durante largo tiempo. Esta convivencia de tradiciones ayuda a comprender el complejo ambiente religioso del Mediterráneo oriental en los primeros siglos del cristianismo, un contexto muy diferente del que presentan las enseñanzas bíblicas sobre la muerte y la esperanza de la resurrección.

 

Las princesas del antiguo Egipto también dominaban el arco y las armas

Daga de la princesa Ita. Fuente: Flickr user DCHNwam (dominio público)

Durante mucho tiempo, los arqueólogos pensaron que los arcos, flechas y dagas encontrados en las tumbas de algunas princesas egipcias eran simples símbolos de prestigio.

La nueva evidencia cuenta una historia muy diferente.

Un equipo de investigadores analizó los restos de seis miembros de la realeza egipcia que vivieron hace unos cuatro mil años y descubrió que aquellas mujeres no solo fueron enterradas con armas: probablemente las utilizaron durante buena parte de sus vidas.

Las momias pertenecen a cinco princesas de las dinastías XII y XIII —Khenmet, Itaweret, Ita, Sathathormeryt y Noub-Hotep— además del faraón Hor. Todas fueron halladas en 1894 en Dahshur, al sur de El Cairo, aunque durante décadas se creyó que sus restos se habían perdido hasta ser redescubiertos durante un proyecto de catalogación del Museo Egipcio en 2020.

El estudio bioarqueológico reveló detalles inesperados.

Los huesos conservan inserciones musculares extraordinariamente desarrolladas en hombros y brazos, compatibles con actividades repetitivas de gran esfuerzo, como tensar un arco o manejar armas de combate.

La princesa Itaweret, por ejemplo, presentaba antiguas fracturas en costillas y pies que habían cicatrizado correctamente, señal de que sobrevivió a lesiones importantes y recibió atención médica especializada. La princesa Ita mostraba un notable desarrollo muscular asociado con el uso frecuente de mazas o dagas. Incluso el faraón Hor y la princesa Noub-Hotep presentan características compatibles con el entrenamiento como arqueros.

Los investigadores concluyen que estas mujeres participaron activamente en actividades físicas exigentes, posiblemente relacionadas con la caza, el entrenamiento militar o ceremonias donde el manejo de armas formaba parte de sus responsabilidades.

El hallazgo modifica una imagen tradicional de la realeza egipcia.

Las joyas y objetos funerarios siguen siendo espectaculares, pero ahora los propios esqueletos comienzan a contar la historia de personas reales, con enfermedades, accidentes, recuperación física y habilidades que permanecieron ocultas durante cuatro milenios.

Reflexión bíblica

La Biblia presenta a Egipto como una de las grandes potencias del antiguo Cercano Oriente, escenario de relatos como la historia de José y el Éxodo. Aunque estas princesas vivieron varios siglos antes o después de esos acontecimientos, el descubrimiento ayuda a comprender mejor la complejidad de la sociedad egipcia, donde incluso miembros de la familia real podían desempeñar funciones mucho más activas de lo que tradicionalmente se suponía.


Nuevos hallazgos en Silo fortalecen la reconstrucción histórica de uno de los lugares más importantes de la Biblia

Durante siglos, Silo fue el corazón religioso de Israel.

Mucho antes de que Jerusalén se convirtiera en la capital del reino, el Tabernáculo permaneció allí durante generaciones, convirtiendo a la ciudad en el principal centro de culto de las tribus israelitas.

Ahora, nuevas excavaciones arqueológicas están aportando información sobre otro período de su larga historia.

Los trabajos realizados en el sitio arqueológico de la antigua Silo sacaron a la luz varios objetos pertenecientes al período del Segundo Templo. Entre ellos destacan un mikvé o baño ritual judío, una vasija de cocina y la concha de un molusco utilizada para producir el famoso tinte púrpura empleado en prendas rituales judías.

Este último hallazgo resulta especialmente interesante.

El tinte púrpura obtenido de determinados caracoles marinos era uno de los materiales más valiosos de la antigüedad. Según la tradición judía, se utilizaba para teñir parte de los tzitzit, los flecos que llevaban los mantos de oración, así como algunos elementos del vestuario del sumo sacerdote.

Los arqueólogos consideran que estos descubrimientos demuestran la continuidad de la presencia judía en Silo muchos siglos después de la época descrita en los libros de Josué y Jueces.

Hoy el sitio conserva vestigios pertenecientes a numerosos períodos históricos, desde la Edad del Bronce hasta la época bizantina. Cada nueva campaña arqueológica permite reconstruir mejor cómo evolucionó este lugar que durante siglos ocupó un papel central en la vida religiosa de Israel.

Reflexión bíblica

Silo aparece repetidamente en el Antiguo Testamento. Josué 18:1 relata que allí fue instalado el Tabernáculo después de la conquista de Canaán. También fue el lugar donde Ana oró por el nacimiento de Samuel (1 Samuel 1) y donde el joven Samuel comenzó su ministerio (1 Samuel 3). Los nuevos hallazgos pertenecen a un período mucho más tardío, pero muestran que Silo continuó siendo un lugar significativo para la vida religiosa judía muchos siglos después de los acontecimientos narrados por la Biblia.


La arqueología devuelve protagonismo a las mujeres que administraban las grandes haciendas romanas

Estatuas de mujeres romanas. Fuente: Mahmoud Amer/Pexels

Durante generaciones, los historiadores imaginaron que las mujeres encargadas de las grandes propiedades agrícolas romanas se ocupaban únicamente de las tareas domésticas.

Una nueva investigación sostiene que esa imagen está incompleta.

Al revisar cuidadosamente textos clásicos, documentos legales, inscripciones y evidencias arqueológicas, la historiadora Tamara Lewit concluye que muchas de estas mujeres dirigían actividades fundamentales para la economía agrícola del Imperio romano.

Los romanos distinguían entre el vilicus, administrador masculino de una finca, y la vilica, su equivalente femenino.

Durante mucho tiempo, varios especialistas interpretaron que la vilica permanecía confinada al interior de la casa siguiendo una famosa descripción del filósofo griego Jenofonte.

Sin embargo, Columela, uno de los principales escritores agrícolas del siglo I, describe una realidad muy distinta.

Según sus textos, la vilica supervisaba la elaboración del vino, la producción de aceite de oliva y la conservación de numerosos productos agrícolas. Estas actividades eran esenciales para la rentabilidad de las grandes haciendas romanas.

La arqueología confirma la magnitud de esa responsabilidad.

Muchas instalaciones rurales producían entre cincuenta mil y cien mil litros de vino o aceite al año. Controlar semejante operación requería conocimientos técnicos, organización del trabajo y capacidad de dirección.

Las fuentes también muestran otro aspecto poco conocido.

La vilica era responsable de realizar sacrificios y ofrendas para pedir a los dioses buenas cosechas. Altares encontrados junto a antiguas instalaciones vinícolas y mosaicos que representan estas ceremonias apoyan esa interpretación.

Más que simples encargadas del hogar, estas mujeres participaron activamente en uno de los sectores económicos más importantes del mundo romano.

La investigación invita a releer las fuentes antiguas prestando atención a detalles que durante mucho tiempo pasaron inadvertidos.

Reflexión bíblica

El Nuevo Testamento se desarrolló dentro del mismo mundo agrícola descrito por estas investigaciones. Muchas parábolas de Jesús utilizan viñedos, olivares, administradores y trabajadores rurales como escenario de sus enseñanzas. Comprender el funcionamiento de las grandes propiedades romanas ayuda a contextualizar mejor ese ambiente económico y social en el que surgieron las primeras comunidades cristianas.

 

Una enorme piedra hallada en Judá podría reflejar la reforma religiosa del rey Ezequías

Durante siglos permaneció oculta bajo un piso de piedra. Nadie imaginaba que, debajo de una plataforma cuidadosamente construida en una antigua residencia de Judá, descansaba una enorme piedra vertical que alguna vez había ocupado un lugar destacado dentro del hogar.

Ahora, casi 2.700 años después, ese hallazgo vuelve a abrir uno de los debates más importantes sobre la historia religiosa del reino de Judá.

La excavación tuvo lugar en Tel 'Eton, un sitio que muchos arqueólogos identifican con la ciudad bíblica de Eglón. Allí, dentro de una amplia residencia perteneciente probablemente a un funcionario de alto rango, apareció una piedra labrada de aproximadamente 1,35 metros de altura y un peso cercano a los 750 kilogramos. Todo indica que originalmente estuvo erguida sobre una base especialmente preparada y que era perfectamente visible desde la entrada principal de la casa.

Sin embargo, en algún momento del siglo VIII aec ocurrió algo inesperado.

La piedra fue cuidadosamente retirada de su posición, acostada sobre el suelo —quizá rompiéndose durante el proceso— y luego cubierta deliberadamente por una plataforma de piedras. No fue destruida ni arrojada como escombro. Tampoco fue enterrada al azar. Todo parece indicar que quienes realizaron ese trabajo quisieron poner fin a su función religiosa, pero al mismo tiempo conservaron cierto respeto hacia el objeto.

Para el arqueólogo Avraham Faust, esta secuencia resulta especialmente significativa porque coincide con otros hallazgos realizados en Arad, Beerseba y Laquis. En esos sitios también existen evidencias de altares, santuarios y objetos de culto que fueron desmantelados de manera ordenada poco antes de las campañas militares asirias contra Judá.

Las llamadas massebot o piedras erguidas eran comunes en el antiguo Cercano Oriente. En algunos casos marcaban pactos, límites territoriales o acontecimientos importantes; en otros, desempeñaban funciones relacionadas con prácticas religiosas domésticas.

La gran incógnita es por qué aquella piedra fue "desactivada". Faust propone que pudo tratarse de una consecuencia de las reformas religiosas impulsadas por el rey Ezequías, quien, según la Biblia, intentó centralizar el culto en Jerusalén eliminando otros lugares de adoración distribuidos por el reino.

Aunque ninguna evidencia arqueológica puede demostrar por sí sola que la reforma ocurrió exactamente como la describen los textos bíblicos, este hallazgo se suma a un conjunto creciente de indicios que apuntan hacia importantes transformaciones religiosas en Judá durante la segunda mitad del siglo VIII aec.

Paradójicamente, el acto que puso fin a la función religiosa de aquella piedra fue el mismo que permitió su conservación hasta nuestros días.

Reflexión bíblica

Este descubrimiento dialoga directamente con 2 Reyes 18:4, donde se afirma que el rey Ezequías "quitó los lugares altos, quebró las piedras rituales y destruyó los símbolos sagrados". La arqueología no demuestra que la piedra de Tel 'Eton fuera retirada por orden del rey, pero sí muestra que, precisamente durante esa época, algunos objetos de culto fueron cuidadosamente desactivados en distintos lugares de Judá. El hallazgo ayuda a comprender que las reformas religiosas descritas por la Biblia pudieron haber tenido un impacto no solo en los grandes santuarios, sino también en la vida cotidiana de las familias.


Colosas, la ciudad del Nuevo Testamento que recién comienza a revelar sus secretos

El montículo de Colosas, en el valle del Lico (oeste de Turquía). Foto cortesía de Barış Yener.

Durante casi dos mil años, una de las ciudades más conocidas del Nuevo Testamento permaneció prácticamente intacta bajo tierra.

Mientras lugares como Éfeso, Hierápolis o Laodicea recibían la mayor parte de la atención arqueológica, Colosas permanecía casi olvidada, cubierta por un montículo sin grandes monumentos visibles. Esa situación comenzó a cambiar en 2021 y hoy los arqueólogos consideran que podría convertirse en uno de los proyectos más importantes para comprender el cristianismo primitivo en Asia Menor.

Ubicada en el valle del río Lico, en la actual Turquía occidental, Colosas ocupaba una posición estratégica entre Anatolia y la costa del mar Egeo. Desde la Antigüedad fue una ciudad próspera, mencionada tanto por Heródoto como por Jenofonte, y más tarde conocida por la carta que el apóstol Pablo dirigió a la comunidad cristiana establecida allí.

El director de las excavaciones, Barış Yener, explica que durante mucho tiempo el sitio fue utilizado como cantera y que gran parte de sus piedras fueron reutilizadas en construcciones posteriores. Además, al no conservar grandes edificios visibles sobre la superficie, la ciudad quedó eclipsada por otras vecinas mucho más espectaculares desde el punto de vista arqueológico.

Sin embargo, esa misma circunstancia terminó convirtiéndose en una ventaja.

Las investigaciones mediante imágenes satelitales, estudios geofísicos y prospecciones superficiales muestran que gran parte de la ciudad permanece intacta bajo tierra. Esto ofrece una oportunidad excepcional para reconstruir su desarrollo desde la Edad del Bronce hasta la época bizantina.

Los arqueólogos esperan responder preguntas fundamentales: cómo nació la ciudad, cuál fue su papel durante el dominio persa y romano, cómo evolucionó la comunidad cristiana y por qué, finalmente, sus habitantes abandonaron el asentamiento para trasladarse a la cercana ciudad fortificada de Chonai.

Por ahora, las excavaciones apenas comienzan. La primera temporada se concentró principalmente en la necrópolis romana, por lo que todavía existe poca evidencia material sobre las comunidades judía y cristiana mencionadas por las fuentes históricas. No obstante, los investigadores confían en que las próximas campañas permitan descubrir edificios públicos, barrios residenciales e incluso la buscada iglesia de San Miguel, conocida únicamente por la tradición posterior.

Reflexión bíblica

Colosas ocupa un lugar destacado en el Nuevo Testamento porque fue una de las comunidades destinatarias de la Carta a los Colosenses. También aparece mencionada junto con Laodicea e Hierápolis (Colosenses 4:13-16). Aunque hasta ahora la arqueología ha recuperado pocas evidencias directamente relacionadas con la iglesia primitiva, las nuevas excavaciones ofrecen la posibilidad de comprender mejor el contexto histórico, social y cultural en el que vivieron aquellos primeros cristianos a quienes Pablo dirigió una de sus cartas más profundas acerca de la supremacía de Cristo.


Una ciudad cristiana de hace 1600 años emerge bajo las arenas del desierto egipcio

Restos de ciudad cristiana del siglo 4 en el desierto de Egipto. Fuente: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto

Durante más de un milenio y medio permaneció completamente oculta bajo las arenas del desierto occidental de Egipto.

Ahora, un equipo de arqueólogos ha descubierto en el oasis de Dakhla una ciudad bizantina sorprendentemente bien conservada que ofrece una de las imágenes más completas de la vida cotidiana en Egipto durante los primeros siglos del cristianismo.

Las excavaciones revelaron viviendas con techos abovedados, cocinas, hornos para elaborar pan, molinos de piedra y una red urbana cuidadosamente planificada con amplias calles que se cruzaban formando plazas. Dos torres de vigilancia y una sólida construcción fortificada protegían los accesos a la población.

En el centro del asentamiento apareció una basílica cristiana, confirmando la importancia que la fe había adquirido en la región durante el período bizantino.

Uno de los descubrimientos más valiosos fue una colección de casi doscientos ostraca, fragmentos de cerámica utilizados como material para escribir. Los textos, redactados en griego y copto, registran cartas personales, transacciones comerciales y diversos aspectos de la vida cotidiana, proporcionando una ventana excepcional al funcionamiento de aquella comunidad.

También aparecieron monedas, recipientes para aceites y perfumes, lámparas de aceite y numerosos utensilios domésticos que muestran cómo vivían los habitantes de un oasis alejado de los grandes centros urbanos.

En otra excavación realizada en Marina el-Alamein, sobre la costa mediterránea, los arqueólogos encontraron dieciocho tumbas antiguas, entre ellas un enorme sarcófago de granito y varios enterramientos donde los difuntos llevaban una delgada lámina de oro colocada dentro de la boca. Esta práctica funeraria, conocida como la "lengua de oro", respondía a una antigua creencia grecorromana según la cual el fallecido podría hablar en la otra vida.

El conjunto de hallazgos recuerda que Egipto no solo fue la tierra de los faraones y las pirámides. Durante varios siglos también formó parte del Imperio Bizantino y fue uno de los principales centros del cristianismo oriental, donde convivieron tradiciones egipcias, romanas y cristianas.

Reflexión bíblica

Aunque esta ciudad fue construida varios siglos después de la época del Nuevo Testamento, refleja el extraordinario crecimiento del cristianismo en Egipto, un proceso cuyos primeros antecedentes aparecen ya en el libro de Hechos, cuando judíos procedentes de Egipto estaban presentes en Jerusalén durante Pentecostés (Hechos 2:10), y cuando Apolos, un influyente maestro cristiano, es presentado como un judío originario de Alejandría (Hechos 18:24-28). Descubrimientos como el de Dakhla ayudan a comprender cómo aquella fe nacida en el siglo I llegó a extenderse profundamente por todo Egipto, dejando una huella visible tanto en sus ciudades como en la vida cotidiana de sus habitantes.

 

Nuevos hallazgos en el delta del Nilo reavivan el debate sobre el contexto histórico de José en Egipto

Durante décadas, la historia de José en Egipto ha sido leída principalmente desde la perspectiva del texto bíblico. Sin embargo, cada nueva excavación en el delta oriental del Nilo aporta detalles que permiten comprender mejor el escenario donde pudo haberse desarrollado ese relato.

Esta vez, la atención se centra en Tell el-Ku‘a, un sitio arqueológico ubicado en el Wadi Tumilat, una región que numerosos investigadores identifican con la antigua tierra de Gosén, el territorio donde, según el libro del Génesis, José estableció a su familia cuando el hambre azotó Canaán.

Las excavaciones revelaron un amplio complejo residencial rodeado por un muro de adobe, con habitaciones, hornos, depósitos y áreas destinadas al almacenamiento y la producción. Junto a estas estructuras aparecieron tumbas excavadas en barro, recipientes de cerámica con sellos administrativos, utensilios de bronce, vasos de alabastro y numerosos escarabajos-sello utilizados para actividades comerciales y administrativas.

Uno de los aspectos más interesantes del hallazgo es que todo el conjunto pertenece al llamado Segundo Período Intermedio, la época en que gobernaron los hicsos, un pueblo de origen semita que controló parte del norte de Egipto entre los siglos XVII y XVI aec.

Durante mucho tiempo los textos egipcios describieron a los hicsos como invasores violentos. Sin embargo, las investigaciones arqueológicas de las últimas décadas han propuesto un panorama mucho más complejo. Hoy muchos especialistas consideran que estos grupos llegaron gradualmente desde Canaán como comerciantes, artesanos y migrantes, hasta consolidar finalmente su poder político.

Ese contexto resulta particularmente interesante para algunos investigadores porque José, según Génesis, también era un semita procedente de Canaán que llegó a ocupar uno de los cargos más importantes de Egipto. Además, el relato bíblico lo presenta administrando los graneros del reino, facilitando el intercambio entre Canaán y Egipto y estableciendo a su familia precisamente en la región donde los hicsos desarrollaron su principal área de influencia.

Los arqueólogos también observaron evidencias de continuidad en la ocupación del asentamiento incluso después de la expulsión de los hicsos por los faraones tebanos que iniciaron el Imperio Nuevo. Esa transición política constituye uno de los períodos más debatidos de la historia egipcia y podría ayudar a comprender mejor los profundos cambios sociales que siguieron.

Más que ofrecer respuestas definitivas, Tell el-Ku‘a amplía el escenario histórico en el que pudieron desarrollarse algunas de las tradiciones preservadas por la Biblia.

Reflexión bíblica

El descubrimiento no demuestra que José haya vivido en Tell el-Ku‘a ni confirma directamente el relato de Génesis. Sin embargo, sí ilumina el contexto descrito en los capítulos 45 al 47 del Génesis, donde José recibe autoridad para administrar alimentos y establece a su familia en la tierra de Gosén. La arqueología recuerda que estos relatos surgieron dentro de un mundo real, poblado por migraciones, intercambios comerciales y profundos cambios políticos que hoy comenzamos a comprender con mayor detalle.


Antiguos grabados de embarcaciones revelan una Europa más conectada de lo que se pensaba

Grabado en piedra de bote nórdico en Iberia. Fuente: Marta Díaz-Guardamino et al. / CC BY 4.0

Durante mucho tiempo se creyó que las grandes conexiones de la Edad del Bronce dependían principalmente de rutas terrestres. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que el océano Atlántico pudo haber funcionado como un verdadero corredor de intercambio entre pueblos separados por miles de kilómetros.

El estudio se concentra en varios petroglifos hallados en Portugal y Galicia, donde aparecen embarcaciones grabadas sobre la roca hace más de tres mil años. Gracias al empleo de escaneo tridimensional, fotogrametría e imágenes digitales de alta resolución, los investigadores identificaron detalles que habían pasado inadvertidos durante décadas.

Algunas embarcaciones muestran cascos curvos, remos, mástiles, sistemas de gobierno e incluso posibles velas. Varias de estas características coinciden notablemente con representaciones encontradas en Escandinavia, donde existen miles de grabados similares pertenecientes a la misma época.

Uno de los petroglifos más llamativos, descubierto en Santo Adrião, presenta extremos elevados y elementos que recuerdan las decoraciones de proa conocidas en el norte de Europa. Otros sitios muestran barcos enfrentados "quilla con quilla", una disposición frecuente en el arte escandinavo de la Edad del Bronce.

Los investigadores insisten en que esto no significa necesariamente que navegantes escandinavos llegaran de manera permanente a la península ibérica. Es posible que algunos grabados fueran realizados por comunidades locales familiarizadas con embarcaciones extranjeras gracias al comercio marítimo o al contacto con viajeros procedentes de otras regiones.

La ubicación de muchos de estos petroglifos también resulta significativa. Varios se encuentran cerca de desembocaduras de ríos, estuarios y antiguos puntos de navegación con amplia visibilidad sobre la costa atlántica. Al mismo tiempo, la península ibérica era una importante fuente de cobre, plata y estaño, minerales muy apreciados en toda Europa durante la Edad del Bronce.

Todo ello dibuja una imagen muy distinta del mundo antiguo: un continente donde personas, metales, tecnologías e ideas podían desplazarse por mar mucho antes del surgimiento de los grandes imperios mediterráneos.

Reflexión bíblica

Aunque estos hallazgos pertenecen a una región alejada del mundo bíblico, ayudan a comprender que las redes marítimas y comerciales ya conectaban extensas áreas del Mediterráneo y del Atlántico siglos antes de la formación de Israel. Más adelante, la Biblia describirá un escenario igualmente dinámico, en el que fenicios, egipcios, israelitas y otros pueblos intercambiaban mercancías y conocimientos por mar. Textos como 1 Reyes 10 muestran que el comercio marítimo desempeñó un papel fundamental en el desarrollo económico y cultural del antiguo Cercano Oriente.


La inteligencia artificial comienza a leer los rollos que el Vesubio ocultó durante casi dos mil años

Texto griego de manuscrito carbonizado en Herculano. Fuente: Vesuvius Challenge

Durante casi dos mil años parecieron simples cilindros de carbón. Los rollos hallados en Herculano, sepultados por la erupción del Vesubio, permanecieron físicamente intactos, pero intelectualmente inaccesibles. Desenrollarlos significaba destruirlos.

Ahora, una combinación de escaneo de alta resolución, imágenes obtenidas mediante sincrotrón e inteligencia artificial ha permitido leer parte de su contenido sin necesidad de abrirlos físicamente.

El avance forma parte del proyecto internacional Vesuvius Challenge, cuyos investigadores lograron reconstruir virtualmente varios metros continuos de texto griego pertenecientes a dos rollos carbonizados conservados desde la erupción del año 79.

Uno de ellos contiene aproximadamente metro y medio de escritura distribuida en veinte columnas. El segundo ha permitido recuperar más de setenta columnas adicionales, una cantidad de texto impensable hace apenas unos años.

Los especialistas consideran que uno de estos manuscritos podría pertenecer al ámbito de la filosofía estoica y mencionar a Aristocreón, discípulo y sobrino del filósofo Crisipo. Si esa identificación se confirma, el hallazgo ampliaría significativamente el conocimiento sobre una corriente filosófica de enorme influencia en el mundo grecorromano.

En otro de los rollos apareció además un nuevo título correspondiente a una obra del filósofo epicúreo Filodemo, lo que indica que algunos tratados conservados en la biblioteca eran mucho más extensos de lo que se pensaba.

Más de seiscientos rollos permanecen todavía sin abrir. La tecnología desarrollada durante los últimos años permite imaginar que muchos de ellos podrán leerse sin poner en riesgo su extraordinaria conservación.

Lo que durante siglos fue una masa carbonizada comienza ahora a recuperar su voz.

Reflexión bíblica

Estos manuscritos no pertenecen al cristianismo ni contienen textos bíblicos. Sin embargo, proceden del mismo mundo intelectual en el que surgió el Nuevo Testamento. Durante los siglos I aec y I, las ideas filosóficas griegas convivían con el judaísmo y, posteriormente, con las primeras comunidades cristianas. El libro de los Hechos, por ejemplo, presenta a Pablo dialogando con filósofos estoicos y epicúreos en Atenas (Hechos 17:18). Cada nuevo texto recuperado de Herculano contribuye a comprender mejor el ambiente cultural en el que el mensaje cristiano comenzó a difundirse por el Imperio romano.

 

Nuevas tumbas descubiertas en Minya ayudan a reconstruir el nacimiento de la arquitectura funeraria egipcia

Antiguas tumbas egipcias. Fuente: Ministerio de Turismo y de Antigüedades de Egipto

La historia de las pirámides quizá comenzó mucho antes de las pirámides.

En Jabal Al-Tair, en la gobernación egipcia de Minya, arqueólogos egipcios descubrieron recientemente dos tumbas y numerosos entierros que abarcan varios milenios de historia.

A primera vista parecían simplemente nuevas sepulturas dentro de un paisaje funerario ya conocido. Sin embargo, la arquitectura de una de ellas llamó inmediatamente la atención de los investigadores.

Sus muros fueron construidos con una técnica poco habitual: la base es considerablemente más ancha y robusta, mientras que las paredes se estrechan progresivamente hacia arriba. Según los especialistas, este sistema podría representar una etapa temprana en la evolución de las soluciones arquitectónicas que siglos después culminarían en las pirámides escalonadas y, finalmente, en las grandes pirámides del Reino Antiguo.

Los investigadores encontraron además marcas utilizadas para cortar bloques de piedra y enormes vigas de madera incorporadas dentro de la estructura para reforzarla.

El lugar continuó utilizándose durante miles de años.

Las excavaciones también revelaron entierros predinásticos con cuerpos colocados en posición fetal y envueltos en esteras vegetales, junto a cerámicas características de las culturas Nagada II y Nagada III (aproximadamente 3500 aec).

Mucho tiempo después, durante el Período Tardío, otras generaciones volvieron a utilizar el mismo espacio funerario, depositando allí nuevos entierros y ataúdes de madera.

Pocas veces un mismo lugar permite observar, capa tras capa, la evolución de las prácticas funerarias egipcias durante un período tan extenso.

Reflexión bíblica

Egipto constituye el trasfondo histórico de numerosos relatos bíblicos, desde las historias de José hasta las tradiciones del Éxodo. Descubrimientos como los de Jabal Al-Tair ayudan a comprender la larga continuidad cultural y religiosa de la civilización egipcia con la que interactuaron los pueblos del Levante durante gran parte de la historia bíblica.


Una carta sellada durante cuatro mil años vuelve a hablar desde Anatolia

RESEÑA ACADÉMICA

Carta Carta Kt 94/k 1150 del Museo de las Civilizaciones de Anatolia en Ankara. Crédito: Michel, C., et al., 2026.

Durante casi cuatro milenios nadie leyó su contenido. La pequeña tablilla de arcilla permaneció encerrada dentro de su sobre original, exactamente como había salido de las manos de un comerciante asirio en la antigua Anatolia. Abrirla habría significado destruir el sello, las huellas de fabricación y parte de la historia que la acompañaba.

Por eso permaneció cerrada. Hasta ahora.

Un equipo internacional desarrolló un escáner portátil capaz de crear modelos tridimensionales del interior de las tablillas sin romper sus envoltorios de arcilla. Gracias a esta tecnología, los investigadores lograron leer cartas que habían permanecido selladas desde el siglo 19 aec.

Muchas procedían de Kültepe, la antigua Kanesh, uno de los principales centros comerciales asirios de Anatolia.

Una de las cartas pertenecía a Anna-anna, una mujer que escribía a su esposo Ennum-Ashur, ausente por motivos comerciales. El problema era muy concreto: alguien se negaba a devolver una cantidad de plata adeudada a su marido y no aceptaba entregársela a ella.

La carta revela algo que con frecuencia pasa desapercibido en las reconstrucciones del mundo antiguo: las mujeres participaban activamente en la administración económica de las familias mercantiles mientras los hombres viajaban por las rutas comerciales del Cercano Oriente.

Otras cartas contienen referencias a textiles, animales de carga y acuerdos comerciales que conectaban ciudades separadas por cientos de kilómetros.

La tecnología moderna no solo recuperó palabras.

También permitió observar cómo se construían los sobres, cómo se plegaban las capas de arcilla y cómo los comerciantes protegían la privacidad de su correspondencia hace cuatro mil años.

Por primera vez, los museos pueden abrir algunas de las cartas más antiguas del mundo sin abrirlas realmente.

Reflexión bíblica

El mundo comercial de estas cartas pertenece al mismo universo cultural en el que se desarrollan muchos relatos patriarcales del Génesis. Abraham, Jacob y sus descendientes vivieron en sociedades conectadas por rutas comerciales similares entre Mesopotamia, Siria y Canaán. Hallazgos como estos ayudan a comprender mejor el contexto económico y familiar del antiguo Cercano Oriente en el que surgieron los primeros textos bíblicos.


Nuevos hallazgos en Israel revelan aspectos de la vida cotidiana y religiosa de la antigüedad

No todos los descubrimientos arqueológicos transforman la historia.

Algunos simplemente permiten verla con mayor claridad.

Durante los primeros meses de 2026, diversas excavaciones realizadas en Israel sacaron a la luz objetos muy diferentes entre sí, pero unidos por una característica común: todos pertenecieron a personas reales que vivieron, comerciaron, combatieron o rezaron hace siglos.

Cerca de Binyamina aparecieron dos estatuas romanas de mármol enterradas has unos 1500 años junto a una antigua instalación vinícola. Una de ellas conservaba una inscripción griega con el nombre "Licurgo".

En la antigua Susya, un niño que participaba en una excavación comunitaria encontró un pequeño platillo de bronce perteneciente a una balanza portátil utilizada para el comercio cotidiano durante el período romano tardío y bizantino.

Junto al mar de Galilea apareció un proyectil de honda de aproximadamente dos mil años con una breve inscripción en griego: "Aprende". Los investigadores creen que pudo tratarse de un mensaje de burla dirigido al enemigo antes del combate.

En Jerusalén se descubrieron túneles cuya función todavía permanece sin explicación definitiva.

En los Altos del Golán apareció un cuenco de mármol de unos mil trescientos años que probablemente fue utilizado por comunidades cristianas tempranas como mesa de ofrendas.

Y cerca de Haifa, una cueva sellada durante cientos de miles de años abrió una ventana excepcional hacia algunos de los primeros habitantes de la región.

Cada hallazgo responde a preguntas antiguas.

Y, al mismo tiempo, plantea otras nuevas.

Reflexión bíblica

Muchos de estos descubrimientos pertenecen a regiones mencionadas repetidamente en la Biblia: Jerusalén, Galilea, el Golán y el sur de Judea. Aunque la mayoría de los objetos hallados no se relacionan directamente con personajes bíblicos, ayudan a reconstruir el contexto material y cotidiano del mundo en el que se desarrollaron el judaísmo del Segundo Templo y las primeras comunidades cristianas. La arqueología rara vez confirma o desmiente un texto concreto; con frecuencia, su contribución más valiosa consiste en devolver espesor histórico al escenario donde esos textos surgieron.

 

Una piedra ritual hallada en Judá reabre el debate sobre las reformas del rey Ezequías

Antigua piedra (abajo, izquierda) probablemente relacionada con las reformas de Ezequías - Fuente: Sky View

Durante años fue simplemente una gran piedra dentro de una antigua residencia.

Sin embargo, cuando los arqueólogos estudiaron con detenimiento una enorme massebah o piedra ritual hallada en Tel Eton, comenzaron a preguntarse si estaban observando las huellas materiales de uno de los episodios religiosos más debatidos de la historia bíblica.

La piedra, de aproximadamente 1,4 metros de altura y 750 kilogramos de peso, se encontraba originalmente en el lugar más visible de una importante residencia de la época del Primer Templo. Quien ingresara al edificio la habría visto de inmediato.

Su ubicación no parecía accidental.

En todo el antiguo Cercano Oriente, piedras similares aparecen asociadas a prácticas religiosas y espacios de culto. Por ello, los investigadores consideran que probablemente cumplió una función ritual dentro de la vida cotidiana de sus habitantes.

Pero algo cambió.

En una fase posterior, la piedra fue cuidadosamente derribada y colocada horizontalmente dentro de una plataforma construida especialmente para contenerla. Lo llamativo es que no fue destruida ni profanada. Simplemente dejó de ocupar el lugar central que había tenido anteriormente.

Para el arqueólogo Avraham Faust, este detalle puede reflejar un proceso de transformación religiosa ocurrido en Judá durante el siglo VIII aec.

Según los relatos bíblicos, el rey Ezequías impulsó una reforma destinada a eliminar los cultos locales y concentrar el culto oficial en Jerusalén. Durante décadas los especialistas han discutido si esas reformas ocurrieron realmente o si fueron una reconstrucción ideológica posterior.

La piedra de Tel Eton no resuelve el debate.

Pero sí aporta una pieza nueva al rompecabezas: evidencia de que ciertos objetos rituales pudieron haber sido retirados de uso sin ser destruidos, reflejando una transición religiosa más compleja de lo que a veces se imagina.

Reflexión bíblica

Las reformas de Ezequías son descritas en 2 Reyes 18:4 y 2 Crónicas 31. Según esos textos, el rey eliminó lugares de culto locales y procuró centralizar la adoración en Jerusalén. La piedra ritual de Tel Eton no confirma por sí sola esos relatos, pero ofrece un posible ejemplo arqueológico de los cambios religiosos que los textos bíblicos atribuyen a ese período.


Una lujosa villa romana emerge tras una excavación ilegal cerca de Roma

 

 

Excavaciones en villa romana - Fuente: Soprintendenza Speciale di Roma

Todo comenzó con una denuncia. Las autoridades italianas recibieron informes sobre excavaciones clandestinas en Castel di Guido, una extensa zona rural situada al oeste de Roma. Lo que parecía un caso más de saqueo arqueológico terminó revelando una residencia monumental vinculada al mundo de la élite romana.

Cuando los arqueólogos comenzaron a documentar el área dañada por maquinaria pesada, aparecieron mosaicos, muros decorados y una compleja estructura organizada alrededor de un gran atrio.

La villa había permanecido oculta durante casi dos mil años.

Los pisos conservaban elaborados mosaicos geométricos y decoraciones de mármol. Fragmentos de pintura mural mostraban figuras humanas y motivos vegetales que alguna vez adornaron las habitaciones.

En el centro del conjunto apareció uno de los hallazgos más llamativos: una estatua de mármol que representa a un hombre barbado cargando una cesta con frutos y aves.

Los especialistas creen que podría tratarse de Silvano, divinidad romana asociada con los bosques, los campos y la prosperidad agrícola.

La ubicación del descubrimiento aumenta aún más su importancia.

Castel di Guido formaba parte del territorio de la antigua Lorium, una zona relacionada con varias figuras de la familia imperial romana, entre ellas Antonino Pío, Adriano y Marco Aurelio.

Todo indica que la villa perteneció a una familia de considerable riqueza e influencia, posiblemente vinculada a los círculos políticos más cercanos al poder imperial.

Paradójicamente, fue un acto de destrucción ilegal lo que terminó permitiendo recuperar una parte importante del paisaje rural que rodeaba a la antigua Roma.

Reflexión bíblica

Las grandes villas rurales eran una característica común del Imperio romano durante los siglos en que surgió el cristianismo. El Nuevo Testamento refleja un mundo dominado por estructuras económicas agrícolas, administradores, propietarios y trabajadores rurales. Hallazgos como esta villa ayudan a comprender el contexto social y económico del Mediterráneo romano en el que se desarrollaron las primeras comunidades cristianas.


Una tablilla de maldición escrita en griego revela prácticas mágicas en el Imperio romano

Durante siglos permaneció enterrada bajo una plaza en los Países Bajos.

Cuando los arqueólogos la recuperaron, parecía apenas una pequeña lámina de plomo corroída por el tiempo. Sin embargo, su contenido reveló una historia mucho más inquietante.

La pieza procede de Coriovallum, un antiguo puesto militar romano situado en la actual ciudad de Heerlen.

Mediante técnicas avanzadas de fotografía e iluminación, investigadores de la Universidad de Heidelberg lograron descifrar una inscripción escrita en griego que había permanecido oculta durante casi dos mil años.

Se trataba de una defixio, una tablilla de maldición.

Estos objetos eran utilizados en el mundo romano para invocar poderes sobrenaturales contra enemigos, rivales o personas consideradas problemáticas.

La inscripción menciona a dos hombres y dos mujeres, identificados como esclavos. Los investigadores aún debaten si ellos eran las víctimas de la maldición o si debían actuar como intermediarios para transmitirla a otra persona cuyo nombre no fue escrito.

También aparecen símbolos misteriosos conocidos como characteres, signos utilizados para comunicarse con entidades sobrenaturales dentro de las tradiciones mágicas de la época.

Lo más sorprendente es su origen cultural.

Aunque la tablilla fue hallada en el extremo norte del Imperio romano, está escrita en griego y sigue modelos asociados con prácticas mágicas desarrolladas en Egipto.

El hallazgo muestra cómo ideas, creencias y rituales viajaban enormes distancias dentro del Imperio, mezclando tradiciones procedentes de Egipto, Grecia, Siria, Judea y otras regiones.

Mucho antes de la globalización moderna, las creencias también cruzaban fronteras.

Reflexión bíblica

La existencia de prácticas mágicas en el mundo romano aparece reflejada repetidamente en el Nuevo Testamento. Hechos 19:19 describe cómo numerosos habitantes de Éfeso quemaron libros relacionados con artes mágicas después de abrazar la fe cristiana. Hallazgos como esta tablilla ayudan a comprender el ambiente religioso diverso y complejo en el que surgieron el judaísmo del Segundo Templo y las primeras comunidades cristianas.

 

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